Letizia Battaglia, la fotógrafa de la mafia

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Entre 1970 y 1990 la mafia incrementó hasta cotas insospechadas el uso de la violencia en la región de Sicilia, que se convirtió en una zona sin ley en la que los mafiosos impusieron su dominio a través de las pistolas, las bombas, la extorsión y el tráfico de drogas. Fotografiando aquella irrespirable realidad, una mujer, Letizia Battaglia, que acercó su cámara a la mafia en un acto de valentía y responsabilidad periodística. 

Compromiso periodístico

Letizia Battaglia no ha sido una corresponsal de guerra, pero como si lo hubiese sido. Porque aunque no fue declarada como tal, la fotoperiodista cubrió desde su base en Palermo, durante más de dos décadas, una guerra entre la mafia y el Estado italiano, entre los mafiosos y una población que vivió con el miedo en el cuerpo los actos violentos de unos individuos que hicieron de la violencia y la extorsión su forma de vida, su ley.

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Nacida en 1935, la fotógrafa italiana estudio periodismo, pero su amor y su talento para la fotografía pronto llamó la atención de los dirigentes del diario L’Ora, que no tardaron en nombrarla jefa de fotografía. Como tal, y ya de vuelta a su Palermo natal tras su paso como corresponsal por Milan, Battaglia cubrió en la región de Sicilia dos décadas de encarnizados enfrentamientos, de atentados, de asesinatos en cadena. Dos décadas marcadas a fuego y en rojo sangre por la acción de la mafia.

Siempre en primera línea de fuego

Si hay algo que caracteriza el trabajo de Letizia Battaglia en su cobertura del conflicto entre la mafia y el estado italiano es su vocación de reportero de guerra, ese estar siempre en primera línea, sin miedo al peligro, aparentemente ajena al riesgo de muerte que acompañaba a su labor. Gracias a ello es considerada la mejor cronista gráfica de esta época negra de la historia italiana. Y gracias a ello consiguió capturar con su cámara instantáneas que son ya hoy parte de la memoria colectiva del país transalpino.

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Ahí está la foto, casi un primer plano, de jefe mafioso Leoluca Bagarella, detenido en Palermo en 1980. Cuenta Letizia que estaba tan cerca que éste le propinó una patada al pasar por su lado; o la icónica fotografía del asesinato, a mano de sicarios mafiosos y delante su esposa y su hija, del presidente de la región de Sicilia, Piersanti Mattarella, cuyo cuerpo sin vida es sujetado en brazos, dentro del coche, por su hermano Sergio Mattarella, actual Presidente de Italia; o todas esas imágenes de niños jugando con armas, representando el papel de mafiosos, dando a entender hasta dónde había calado en la sociedad la actividad mafiosa; o tantas y tantas imágenes de asesinatos, de sangre y horror, de un país marcado para siempre por la violencia indiscriminada de la mafia que una mujer se atrevió a fotografiar.

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